El aguatero: Personaje olvidado en las narraciones históricas de Barahona

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Por David Ramírez Sánchez
Alguien dijo una vez que la historia es un gran cementerio de héroes olvidados. De los pocos libros escritos sobre la fundación de Barahona la mayoría sólo toma en cuenta  las grandes hazañas  de los personajes que incidieron en su nacimiento y desarrollo.
Muy pocos de ellos analiza el aspecto antropológico  de las actividades humanas, principalmente de los oficios tradicionales que se practicaban en esta población hace más de un siglo y su evolución posterior.
Muchos de estos oficios fueron vitales para  que la naciente sociedad sureña mantuviera su ritmo de crecimiento a largo de los años.
 Algunos oficios fueron menospreciados por la mayoría de los habitantes y ejercidos solamente  por los últimos en la pirámide social, como los campesinos, los antiguos trabajadores de la madera, peones  o bueyeros. Uno de estos oficios tradicionales fue el pregonero de agua, comúnmente conocido por las amas de casa como aguatero o aguador.
El oficio del aguatero en la ciudad de Barahona se prolongó por más de 50 años  y  jugó un papel importante a pesar de que algunos historiadores y costumbristas no lo resaltan en sus obras ni lo colocan en su justa dimensión. El aguatero, fue un personaje que  llegó a monopolizar la distribución del vital líquido en toda la ciudad. ¿Pero cómo surgió este personaje?
Barahona debe a los ríos Birán y Riosito todo lo que es como ciudad. Desde que los primeros pobladores se instalaron en caseríos formados por bohíos, las aguas de estos ríos fueron utilizadas para satisfacer  todas sus necesidades básicas. En esa época, por tradición familiar, la búsqueda del agua era una tarea exclusivamente para los niños y las mujeres.
Durante muchos años la economía de lo que se conoció como Barahona estuvo apoyada en el corte de la madera, principalmente de caoba y guayacán. Si bien esta actividad le dio un impulso económico a Barahona, aún así muchos ciudadanos se encontraban sumergidos en la pobreza extrema.
La necesidad de encontrar una actividad de subsistencia obligó a muchos de estos ciudadanos a realizar labores muy duras en las calles, entre ellas la de buscar agua en los ríos cercanos de la ciudad para las familias adineradas o de privilegiada posición económica.  Este sector social estaba compuesto en su mayoría por familiares de los comerciantes, funcionarios, militares, profesionales, dueños de los principales aserraderos o trapiches.
A falta de un sistema de acueducto de agua potable, muchos habitantes dependían de los servicios de los  aguateros para dotarse del vital líquido. El agua almacenada en las viviendas era utilizada para el consumo y el aseo personal o mantener la higiene en el hogar.
A partir de la década de 1881, con la creación de Distrito Marítimo de Barahona, la ciudad empezó una transformación  social y económica profunda. Hubo un crecimiento significativo de su centro urbano gracias al incremento de la población y de las actividades comerciales de los inmigrantes  árabes y  europeos. Fue a partir de entonces que el oficio de aguatero floreció en la ciudad.
Las pocas referencias históricas escritas que tenemos de los aguateros a partir de esa época es que transportaban el agua en pequeños barriles de madera.  Algunos lo hacían a pie y otros utilizaban burros para la tarea.
Aunque no existe ningún archivo histórico que confirme que la venta de agua al pregón estuvo reglamentada por el Ayuntamiento de Barahona, sabemos que fue una actividad realizada sin el consentimiento de esa institución que, contrario a los vendedores ambulantes de productos agrícolas y buhoneros, ni los apresaba ni los perseguía.
 Las únicas resoluciones del ayuntamiento contra los aguateros conocida públicamente fue la ordenarle recoger el agua para el consumo humano en  lugares muy específicos de los ríos Birán y Riosito. Se desconoce también si el ayuntamiento de esa época cobraba algún tipo de impuesto a los aguateros por la comercialización del agua en la zona urbana.
  Generalmente el aguatero hacía su pregón de agua fresca y limpia a viva voz por las calles, otros en cambios utilizaban una pequeña campanita para anunciar su presencia. Para esa época el almacenamiento del agua en las viviendas se hacía en grandes tinajas de barros o higüeros, también en bidones de metal.
El oficio era duro  y el margen de ganancias muy escaso. El aguatero  tenía que levantarse temprano y recorrer grandes distancias varias veces al día para llenar los recipientes en las viviendas. Cobraba a sus clientes una suma módica dependiendo del número de viaje que realizaba al río.
La época dorada del aguatero llegó a su fin cuando en 1922 el ayuntamiento Municipal de Barahona puso en funcionamiento el primer acueducto de agua potable de la ciudad. Fue a partir de entonces cuando el oficio de aguatero fue cayendo en desuso.
Aunque el aguatero  trató de adaptarse a los nuevos tiempos (dejó de recoger el agua en los ríos para abastecerse en las principales fuentes públicas de la ciudad y venderla en algunos barrios donde aún no llegaba el agua potable), su suerte  estaba echada, en pocos años el progreso se llevó a este laborioso personaje de nuestro paisaje urbano.
Tal vez muchos historiadores no lo tomen en cuenta en sus relatos históricos, pero el aguatero tuvo una importancia vital tanto económico como social  para la ciudad de Barahona en el siglo pasado.
Para nosotros el aguatero fue un héroe, un personaje  histórico que los barahoneros   no debemos olvidar. Por lo tanto, tenemos que rescatarlo del tribunal del olvido para  enriquecer nuestra cultura y tradiciones.

Posted by Alberto Odalis Báez on jueves, noviembre 15, 2012. Filed under . You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Feel free to leave a response

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